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El vínculo de una madre con su hijo

Si hay algo más importante que el alimento para un recién nacido es el vínculo con su madre. Las personas desarrollamos nuestra capacidad de amar y relacionarnos a partir de las habilidades personales que desarrollamos durante la infancia, sobre todo durante los tres primeros años de vida. Varios estudios demuestran que el apego con la madre juega un papel fundamental en el desarrollo emocional, e incluso muestran como niños que han sido separados de sus madres a temprana edad presentan problemas para relacionarse con los demás de una manera sana.
 
¿Cuándo empieza a forjarse el vínculo entre madre e hijo? Desde las primeras semanas de gestación. Al inicio, el vínculo es biológico: el cuerpo de la madre acepta que el bebé se desarrolle y alimente. Cuando empieza a crecer en el útero materno, la madre ya puede sentir físicamente sus movimientos, patadas, empieza a hablar con él, lo imagina… El apego, el vínculo materno-filial, se creará solo nacer. Al salir al mundo el bebé necesitará mantener esta conexión que ha tenido con su madre durante nueve meses. Durante la primera hora de vida, el periodo sensible, el bebé estará atento a todo, y necesitará del contacto con su madre, sus caricias, su voz…
 
Con la lactancia materna, y los cuidados al bebé en general, la madre sigue manteniendo viva esta conexión física. Solo con la presencia de la madre el bebé ya reacciona positivamente. Y esto generará más amor por parte de la madre.
 
La comunicación entre madre e hijo debe darse estimulando todos los sentidos. El tacto será muy importante: el roce piel con piel tranquiliza al bebé. También en pocas semanas será capaz de reconocer a su madre a través de la vista o el olfato. Además, a través del oído podrá reconocer la voz que le ha estado hablando durante el embarazo.

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